Las relaciones padres e hijos tienen una importancia fundamental en el éxito escolar. Veamos algunos consejos que nos pueden ser útiles en esta ardua tarea:
En primer lugar, los progenitores tienen que trasmitir a sus hijos de forma clara y concreta lo que esperan de ellos en cuanto a resultados escolares.
Interesarse por su evolución escolar, pero sin agobiarles con una actitud excesivamente controladora.
El juego es una necesidad imprescindible y esencial para el niño, ya que a través de éste elabora gran parte de sus deseos, rivalidades, miedos y agresividad. Cuando juega tiene en cuenta sus propias necesidades, aspiraciones e ilusiones y las expresa dándoles forma y adquiriendo al mismo tiempo conocimientos y destrezas.
Los padres que comparten y disfrutan con ellos diversas actividades lúdicas crean unos vínculos muy beneficiosos para su correcto desarrollo. Preguntémosles por sus preferencias de juegos, programas de TV , libros, grupos musicales, etc., es tarea de los padres conocer e interesarse por el mundo infantil ya que estos aspectos enriquecen las relaciones y facilitan la comunicación por medio de los cuales el niño vive los esfuerzos escolares como algo más llevadero
Así mismo, el niño ha de poder comunicar a los padres tanto el deseo de saber y conocer como su malestar y posible rechazo hacia la escuela. Si tiene libertad para expresar sus sentimientos negativos y los padres le escuchan sin alarmarse, el niño asumirá mejor la vida escolar.
Los progenitores no han de resolver siempre todos los problemas de sus hijos, es mejor ponerse a pensar con ellos que darles solución. Escuchar sus propios razonamientos que seguramente serán interesantes, le da al niño la seguridad de creer en sí mismo y en sus posibilidades.
Los padres debemos procurarles las condiciones físicas idóneas para el estudio. Conviene que el niño o la niña disponga de un espacio fijo de trabajo, que cuente con una mesa de estudio y esté alejado de ruidos como la TV o la radio, aunque tampoco ha de estar totalmente aislado.
Los padres tienen que interesarse de vez en cuanto por la marcha de sus deberes , pero esto no significa pasar la tarde sentados con ellos haciendo sus tareas. Además no debemos ni hacérselos, ni suplir el papel del profesor, ni corregírselos. En todo caso guiarle en la metodología de estudio e investigación (”busca en la enciclopedia”, “si no entiendes la pregunta, busca las palabras que no entiendas en el diccionario”).
Es importante que el niño aprenda a organizar su tiempo y sepa el que necesita para ocuparse de sus trabajos escolares y del que dispone para sus juegos.
Hay que tener presente la confianza que se tiene en las capacidades del hijo o la hija y lo que se le exige; un niño al que se le exige tiene mejor imagen de sí mismo porque siente que de él se esperan resultados, de esta manera se esforzará y se sentirá capaz. Un niño al que no se le exige percibe que se espera poco de él, la imagen que tiene de sí mismo es de incapacidad y por lo tanto no se esforzará.
Para el niño y la niña es muy importante obtener la aprobación de sus padres: saber que le reconocen y valoran por ser quién es. Sentirse aprobado quiere decir ser aceptado y valorado por sí mismo, no por lo que hace o lo que dice, como una persona única, exclusiva y valiosa. También es cierto que es necesario desaprobar ciertas conductas, pero nunca se ha de cuestionar a la persona en sí misma. Por otro lado, al niño y a la niña no le benefician los halagos o alabanzas infundadas, ya que ello no haría más que reforzar su incipiente sentido de realidad. Ciertamente los elogios son positivos y sirven de estímulo cuando se basan en logros reales. La autoestima juega también un papel muy importante en la adquisición de nuevos aprendizajes puesto que significa confianza en uno mismo, seguridad de saberse capaz de probar cosas nuevas y por lo tanto atreverse a ser como uno es sin miedos. Así un niño , una niña que “está bien en su piel” tiene todas las capacidades disponibles para centrarse y aprovechar con éxito el aprendizaje escolar.
En verdad, los padres que consiguen que sus hijos e hijas respondan ante sus estudios, lograrán que en un futuro sean responsables de sí mismos y de su actitud ante la vida.


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