La pubertad es la etapa decisiva del proceso de maduración sexual, especialmente por los cambios físicos que se producen durante estas edades, que a la postre influyen en su percepción mental de la sexualidad.
Según los estudios realizados sobre sexualidad en los jóvenes, indican que ellos comenzarían sus relaciones coitales entre los 17 y 18 años, aunque los recientes estudios muestran que en la actualidad los jóvenes se inician mucho más temprano en el sexo. Este no sería el único problema, ya que se desprende que los adolecentes están más expuestos a contraer enfermedades sexuales.
Entonces, para prevenir consecuencias que pueden significar la destrucción de una vida o más, hay que actuar y quien mejor que sus padres para hablar sobre sexualidad a sus seres amados, pero esto no se consigue fácilmente ya que se debe crear la atmosfera de confianza con ellos desde el momento en que comienzan con cambios físicos. En primera instancia es a modo informativo, allanando el camino para los próximos años, así, cuando llegue el momento hay que tener claro el tipo de orientación sexual que se dará y estar prevenido frente a las preguntar para ofrecer respuestas que sean claras y precisas.
Para ello es justamente que se debe establecer un diálogo sincero, desde la naturalidad y los valores familiares, con el fin de favorecer un clima de confianza, seguridad y respeto.
Según los especialistas existe un modelo de pauta a seguir y sería bueno tenerla presente en el momento en que tú como padre tomas la iniciativa:
Lo primero es hacer notar que tenemos una actitud natural frente al tema, ellos valoraran más esta postura que el querer responder a todo de manera fría y seria.
Ser sinceros, admitir la incomodidad de tratar el tema si se diera el caso, y mostrarse abierto a superar nuestras propias reticencias a hablar de sexo con nuestros hijos e hijas.
Responder todas las preguntas que hagan, siempre y cuando las sepamos, si no se explicará que necesitas responderle en unas horas más o al día siguiente ya que no manejas la información.
Reconocer nuestros miedos no nos hace más débiles: digámosles qué nos preocupa y por qué.
La educación sexual de los hijos debiera ser un tema que la pareja debiera tratar previamente para acordar lo que se les va a trnasmitir como valores de familia.


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