Según Unicef, en su reportaje titulado “Poner fin al maltrato infantil”, declara que el matrimonio infantil viola los derechos humanos, siendo víctimas de abuso y explotación las niñas quienes se apartan de sus pares para conllevar responsabilidades que no les corresponden.
En los casos más extremos las cifras son alarmantes, al saber que la gran mayoría de las niñas son entregadas a partir de los once años, sin el consentimiento de ellas y en la gran mayoría de los casos con hombres que triplican sus edades.
La mayor cantidad de matrimonios realizados son en África, (el 77% de la población femenina ya estaba casada antes de cumplir los 18 años) y en Asia meridional.
Lamentablemente se está frente a un problema cultural, pero por sobre todo económico. Son los progenitores quienes ven aseguradas a sus hijas económicamente, respaldando que pertenezcan a una familia y así se deban a su marido de por vida, (siempre y cuando este no la repudie), creen que es el medio por el cual se evitan embarazos sin estar casadas y agresiones sexuales.
Este es un problema mundial y lo que Unicef pretende realizar es un cambio de mentalidad, ya sea en los progenitores como en las niñas afectadas.
En el primer caso, los padres deben comprender que sus hijas están expuestas a trabajos forzados, esclavitud, prostitución, maltrato físico y sexual, ser contagiadas por enfermedades de transmisión sexual y por último morir en el parto, como consecuencia de un embarazo precoz.
En el caso de las pequeñas, Unicef quiere promover la educación como medio protector frente al matrimonio y las dotes infantiles. La idea es crear conciencia que ellas pueden ganarse el sustento por si solas y hay una organización a nivel mundial que las apoya.


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